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Pérez empezó a ofrecer cursos de agricultura
orgánica en las instalaciones de la granja como alternativa a los
edificios de la ciudad. Explica que, antes de creer en ello: "Los
indígenas tenían que ver lo que estábamos haciendo". El primer año hubo
un puñado de campesinos locales curiosos, pero en años sucesivos fueron
Ya cientos los oyentes de ERPE que pasaron a visitar las instalaciones
de la granja. Muchos de ellos estaban dispuestos a contemplar la
implantación de cultivos orgánicos. Sin embargo, necesitaban ayuda
técnica in situ. Los dos agricultores que ERPE tenía a plena dedicación
estaban demasiado ocupados para actuar como consejeros itinerantes, y
el resto del personal sabía de radio pero apenas nada de agricultura.
Así pues, Pérez contrató técnicos agrícolas o maestros para visitar las
granjas, ofrecer información y apoyo y proporcionar semillas orgánicas.
El retorno de un cultivo autóctono La cuestión
que se planteaba era qué semillas entregar a los campesinos. Pérez se
dio cuenta de que sólo tenía una oportunidad para atraer a muchos de
ellos. Tenía que dar con un cultivo que produjera resultados
inmediatos. Así pues, los dos principales hitos agrícolas de los Incas
debían quedar descartados, el maíz, que no crecería en muchas de las
granjas cercanas por la altitud, y las patatas, que eran demasiado
sensibles al tizón para asegurar una buena cosecha a partir de semillas
orgánicas. Quedaban tres plantas autóctonas: el amaranto, un cereal de
elevado contenido proteínico, adecuado a la altitud y al clima seco; el
chocho o altramuz andino, una habichuela también rica en proteínas,
útil para alternar con otros cultivos; y la quinoa, un símbolo poderoso
de la opresión española sobre los Incas.
La quinoa es la única planta que ofrece una fuente completa de
proteínas. La Organización Mundial de la Salud la considera equivalente
a la leche por la calidad de su proteína. Es originaria del altiplano
andino, región que en la actualidad incluye Perú, Bolivia y Ecuador
(son todavía los centros mundiales de quinoa, a pesar de qque se ha
cultivado en los Estados Unidos y Canadá). La quinoa crece muy bien a
grandes altitudes, por encima de los 3,000 metros en lugares donde no
prospera ningún otro cultivo alimenticio. Los pueblos indígenas del
Imperio Inca se alimentaron durante siglos con la quinoa, a la que
denominaban su grano madre sagrado. Cuenta Rebecca Wood en su libro
"The Splendid Grain" (El grano magnífico), cómo la siembra se llevaba a
cabo en una ceremonia en la que el soberano plantaba la primera semilla
con una espada de oro, símbolo de su rango.
Los españoles prohibieron la quinoa, acaso porque temían que
proporcionara fuerza a los Incas. En cualquier caso, prefirieron
cultivar cebada con el fin de que sus ejércitos invasores pudieran
beber cerveza. Se conservaron algunos cultivos del grano prohibido en
las zonas más altas de las montañas, entre ellas la región en torno a
Riobamba, que se encuentra en buena parte a 3,000 metros de altitud.
Sin embargo, los grupos indígenas y mestizos adoptaron los hábitos
alimenticios de los españoles, basados en pan y arroz (que aprendieron
a mezclar con habichuelas autóctonas para mejorar la proteína), y a
principios de 1990 eran pocas las familias que cultivaban quinoa.
Por qué el Premio Slow Food
ERPE ha hallado una manera de ayudar a los indígenas ecuatorianos a
incrementar de forma significativa sus rentas, mediante el cultivo de
un grano que proporcionó vida, fuerza y orgullo a sus antepasados. Su
objetivo es mejorar la salud de los campesinos y la de sus tierras:
ERPE entrega arboles a los agricultores para que los planten junto a la
quinoa, con el fin de controlar las pérdidas de agua y contribuir
asimismo a la reforestación del altiplano andino.
La emisora de radio sigue siendo su principal herramienta. En la
actualidad, ERPE emite programas regulares sobre medicina natural,
salud preventiva y reproductora, y sobre come luchar contra la
malnutrición. Përez afirma que, el 74 por ciento de los hijos de su
millón de oyentes padecen los efectos de una alimentación inadecuada.
La quinoa que los campesinos conservan para su propio uso está
contribuyendo a pallarla.
La agenda crece sin cesar y Pérez sigue buscando más ayuda para
llevarla a cabo. No obstante, ERPE ya he restablecido un sustento y un
cultivo autóctono para un pueblo amenazado por la pérdida de ambos, y
continúe trabajando para asegurar la salud y el futuro de sus tierras y
de sus familias. |